sábado 21 de marzo de 2009

21 de marzo de 2009 - Ruta BTT Vías Verdes Sierra de la Demanda (Burgos)

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Recorrido por las Vías Verdes en BTT desde Arlanzón hasta Monterubio de la Demanda 54 kms

Alojamiento Albergue Granja Escuela Arlanzón































































































jueves 19 de marzo de 2009

19 de marzo de 2009 - Subida al Pico Peñalara (2.428 m) por el Camino del Batallón Alpino

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¡Ayyyyyy que bonito escribe nuestro Paco Nadal el subió el viernes y nosotros el jueves!

http://lacomunidad.elpais.com/paco-nadal/2009/3/23/primavera-penalara


El viernes, para celebrar la llegada de la primavera, subí al Peñalara (2.428 metros), el pico más alto de la Comunidad de Madrid. Una de las ascensiones clásicas de la sierra de Guadarrama, ese pedazo de Himalaya casero que los madrileños tenemos la suerte de tener a solo una hora de casa.

Hizo un día de esos que se recuerdan por mucho tiempo. Un cielo azul intenso, una temperatura suave, las cumbres de Guadarrama vestidas de blanco, la nieve aún en buenas condiciones para subir sin crampones ni raquetas (aunque en las zonas bajas ya empezaba a estar hecha una sopa) y cordadas de gente de todas las edades disfrutando desde aquí arriba de la inminencia del buen tiempo.

Una atalaya mágica a la que se sube sin grandes problemas técnicos en unas tres horas de caminata desde el puerto de Cotos. Abajo, muy abajo, hacia el sur, se divisan las torres de oficinas del barrio financiero de Madrid, como un Gotham City de película futurista. Y al otro, hacia el norte, se ve la torre de la catedral de Segovia despuntando sobre un mar de piedra y tejas de adobe, como una ciudad medieval anclada aún en el tiempo.


Estoy preparando de nuevo la maleta. Me voy a un sitio muy diferente a Colombia. De hecho se parece más al ambiente de estas fotos que a la selva amazónica.

¡Yo se donde va ... pero soy una tumba chuuuuuuuu!




sábado 21 de febrero de 2009

21 de febrero de 2009 - Templo de Debod por Carlipondio

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domingo 15 de febrero de 2009

13, 14 y 15 de febrero de 2009 - Subida a Curavacas 2.520 m (Palencia) narrado por Sergio Sergiete

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Hoy domingo, 15 de febrero de 2009, ya en mi casa de Madrid descansando, me paro a revisar las fotos de este fin de semana y algo intenso me indica que tengo que plasmar en palabras lo vivido el sábado para que quede en el recuerdo como una de las experiencias que dan sentido a muchas cosas.


El sábado 14 de febrero amanecimos temprano, sobre las 8.30 h salimos de Triollos (Palencia) y nos dirigimos en coche a Vidrieros 1300 m, donde saldríamos ya a pie hacia el Curavacas (2520m). Los primeros pasos eran fríos, 8 bajo cero, el suelo congelado y una vista formidable. A lo lejos se divisaba el monte Curavacas, sus cumbres completamente cubiertas de nieve, que con el reflejo de los primeros rayos de sol, se tornaba rojizo con un fondo de cielo azul intenso. Era el preludio de un día claro y soleado.


El inicio de la andada subiendo por un riachuelo, posteriormente se pasa por explanadas y se comienza a remontar las faldas del Curavacas atravesando matorral sin hojas. Allí hicimos la primera parada para colocarnos los crampones, ya que el terreno era de nieve bastante dura por el frío y comenzaba el desnivel.


Allí nos reunimos todos los que subimos, África, Oscar, Tony, Carlos, Marina y yo. Se puede decir que en este punto comenzó el ascenso. Cada uno a su ritmo progresábamos en la ladera, los pasos eran sencillos ya que la nieve estaba dura y el crampón agarraba perfectamente. A los 45min hicimos una parada. En una loma nos reagrupamos de nuevo, descansamos y cambiamos bastones por piolet.




El ESFUERZO

Los siguientes pasos serían bastantes complicados, la inclinación iría aumentando hasta llegar a un 60% calculo yo. En estos casos, el ascenso requiere un ritmo suave pero constante. Cada 5 pasos, requerían de una parada para respirar profundamente, echar un vistazo al suelo, volver a levantar la cabeza y continuar otros 5 pasos. En este momento se agolpan muchas ideas en la cabeza, intentas buscar el significado de este esfuerzo, pero no resulta sencillo encontrarle alguno. Los pulmones parecen que no son suficientemente grandes para todo el aire que necesitas. Sientes cada parte de tu cuerpo, todo se hace notar.


Cada vez la inclinación se hace mayor, hasta llegar a apoyarte con todo el cuerpo sobre la nieve, una mano libre, en la otra el piolet clavándose como anclaje y los pies haciendo los peldaños de una escalera interminable. Aquí la sensación de progresión es menor, la mirada se clava en la nieve y el cansancio empieza a notarse. Miras dónde estás y lo que te queda, y sabes que es imprescindible dar el siguiente paso para continuar, y después otro.


LA DECISIÓN

Serían las 12 h del medio, el sol en todo lo alto empezaba a reblandecer la nieve. Esta había perdido la primera capa dura y se te hundían los pies más aún, dificultando nuestro avance. También por el sol, la montaña parecía que se empezaba de desmoronar como un castillo de arena. Caían trozos grandes de nieve rodando por la ladera, acompañados de polvo de nieve, algo así como arenilla que daba muy mala espina y me hizo barajar la posibilidad de un desprendimiento más serio, como el que se veía que había ocurrido en otros canales situados más al sur. En este momento, todos nos quedamos parados y nos miramos, sin llegar a decir nada pero sabiendo lo que pensábamos. En este momento te surge la idea de darte la vuelta y evitar el riesgo. Son muchas las cosas que te pasan por la cabeza y son importantísimos los compañeros, su opinión y su decisión.

A todos los que bajaban, les preguntábamos por el estado de la nieve más arriba y la mayoría indicaba que estaba empezando a ablandarse mucho pero no parecía que existiese mayor riesgo. Carlos, siempre frío y seguro, me terminó de convencer y continuamos el ascenso.



LA VOLUNTAD

El final de la última pendiente importante es lo que llaman el diente del oso. Es una base que supone la antesala al asalto final a la cima. Allí hicimos la última parada y según íbamos llegando nos hidratábamos y comíamos un poco. Fuimos llegando a este punto, Oscar, Tony, África y yo. Allí estuvimos esperando a Carlos y Marina. Iban bastante retrasados y no se les veía aparecer por ningún lado.

He compartido la cima del Aneto, el Ras y el Toubkal con ellos, y he de admirar su tesón y puedo decir que no he visto a gente con tanta voluntad. Carlos es un luchador nato, ejemplo de superación por encima de las dificultades. Y a Marina, la he visto llorar, la he visto “en-nortada” , pero nunca se ha dado la vuelta y a continuado aún con lágrimas en los ojos. Por todo esto, no tenía ninguna duda de que apareciesen, como así lo hicieron. A regañadientes, Marina colocándole a Carlos los bastones en la mochila en plena pendiente, pero subieron.


EL CONTROL

En el diente del oso, hay como un muro de nieve de cuatro metros, no se sabe que hay detrás de él hasta que no lo superas. Cuando asomo la cabeza para ver lo que hay detrás y por donde hay que continuar, me quedo impresionado y me vuelvo a bajar como quien no se cree lo que está viendo. Había visto la rampa más grande, más lisa de nieve que había visto nunca. Una ladera de unos 500m con una inclinación del 65% y cuyo final era el vacio. No se podía apreciar el final, pero era un desnivel de unos 1000m. Era sobrecogedor pensar que había que transitar por ese sitio, donde una caída supondría un fin irremediable. Es la sensación de que saber que la muerte está ahí, y que solo tienes que esperar para ver si es tu momento.


En esas condiciones comenzamos a andar, con la mano apretaba mi piolet por si necesitaba clavarlo para retenerme. La cabeza evalúa cada uno de los movimientos intentando evitar cualquier posible tropiezo, cualquier despiste que suponga una caída. En medio de la ladera, Carlos dice que necesita que le aseguremos. Allí nos detenemos todos y Oscar saca la cuerda y comienza un proceso de 10 minutos que se me hicieron eternos. Llega otro momento de decisión, si te amarras a la cuerda, sabes que si caes, el resto de compañeros te pueden frenar, pero también eres consciente que si uno de tus compañeros cae, te puede llevar con él y compartir destino. En ese momento sientes que no eres uno, sino una pieza más de un equipo con un mismo objetivo.


El control de la mente es importantísimo. Ves como los trozos de nieve que se desprenden van cayendo al infinito y llaman a tu cabeza ideas de miedo, de pánico y tienes que ir desechándolas, mantener la vista puesta los pies y no mirar la caída. Por fin continuamos, más lentos por estar pendientes de la cuerda.





A los 15 minutos llegamos al último paso. El vértice de la cima. Un pasillo de un metro de ancho, y 300m de largo hasta el punto geodésico. Con una caída impresionante a ambos lados. Allí el paisaje es espectacular, en la vertiente este, la meseta palentina, al noroeste los picos de europa, con sus crestas puntiagudas y blancas arañando el cielo, y al fondo las nueves que hacían intuir la presencia del mar cantábrico. Visibilidad total, claridad y un sol radiante que hacía aun más blanca la nieve.



Por fin llegamos al punto geodésico, y allí te invade la emoción, te olvidas de todas las calamidades, de todo el esfuerzo y te sientes afortunado de haber llegado. En la inmensidad del paisaje se te pierde la mirada, y quieres que eso que estás viendo en ese momento y que sabes que es efímero, te acompañe en el recuerdo en forma de imágenes.


Se me ocurre terminar este relato con las palabras de George Mallory cuando le preguntaron “¿Por qué subir a las montañas?” y que representa a la perfección lo que sentí en esta ascensión y en tantas otras.

¿Por qué subir a las montañas?

Mallory replicó: «Porque están ahí». Parece una contestación sin sentido, pero no es así. Esta afirmación encierra un mundo humano de sentimientos, de amor, de aventura y de sufrimientos. La subida a una sola cumbre es una historia de varias páginas que resume horas intensas llenas de sensaciones.

Tú amas la montaña, te gusta recorrer los valles, dibujar con tus pasos el perfil de las laderas, descansar en la hierba a la sombra de los árboles, beber el agua limpia de los arroyos, ver los animales, vivir en este paraíso, tocar las rocas y apoyarte en ellas para superar tu cansancio. Sonríes en el esfuerzo cuando un amigo te ofrece su ayuda y observas al final la belleza que te rodea.

En la cumbre, tu corazón late con fuerza por la subida y por la emoción de perder la mirada en el horizonte encrespado de montañas blancas, marrones. .., azules en la lejanía.

Cerca o lejos hay picos más altos, y te preguntas: ¿Podré llegar más alto? ¿Qué sentiré allí arriba?

Desde allí se ve lo que amamos: las cumbres más modestas, los acogedores valles, los bosques, las nieves, las rocas, los ríos... y sólo tienes a esa altura las nubes, algún grajo y nuestros amigos.

A eso aspiramos. ¡No todos los humanos pueden atreverse a soñar con encontrar un lugar donde poder ver todo lo que aman!



LA AMISTAD

Este relato quiero dedicárselo a los compañeros con lo que compartí la ascensión África, Oscar, Tony y muy especialmente a mis dos amigos y compañeros de viaje, de fatigas, tristezas y alegrías, en muchas otras cumbres, Carlos y Marina. Por las que hemos pasado y por las que nos quedan, os quiero!

Sergio Sergiete



















Dormir: La Parda y la Corva C/ Grande, 20 34887 Triollo (Palencia)
email: reservas@lapardaylacorva.es
web: www.lapardaylacorva.es
Tlf.: 945 177 659 Móvil: 696 049 491

Restaurante La Montaña Ctra. Vidrieros, 1 34842 Triollo (Palencia)
Tlf.: 979 86 61 71 - 979 86 61 72

domingo 8 de febrero de 2009

6, 7 y 8 de febrero de 2009 - Taller de HDR y panorámicas en Monfragüe

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